viernes, 15 de octubre de 2010

La generación del caballo

A mi generación se le podría denominar: “la generación del caballo”. Todavía no llego a los 50 pero me falta poco.
Explico el por qué de este nombre.: “a caballo” estuvimos para elegir la carrera entre lo que tenía salida y lo que realmente nos gustaba hacer, entre la facultad que estaba en nuestra ciudad o esa que nos obligaba a irnos lejos de nuestra casa y familia (bastante deseado por algunas).Las mujeres de mi edad, estuvimos “a caballo” entre realizarnos en un trabajo fuera de casa o quedarnos a cuidar a los niños, que es lo que nos enseñaron nuestras madres. Los hombres estaban “a caballo” entre ayudarnos a nosotras (ya que trabajamos fuera de casa) o limitarse a traer el sueldo, que es lo que aprendieron de sus padres. También debíamos elegir en la parte moral: o nos mostrabamos liberales y divertidas o recatadas y pudorosas que era un rollo, pero estaba mejor visto. Cuando por fin conseguimos casarnos y pensamos que al final podríamos ser nosotras mismas volvimos a estar “a caballo” entre tomar la píldora para planificar la construcción de nuestra familia o usar métodos naturales. Y cuando tuvimos los hijos volvían las pesarosas decisiones:o los criaban nuestras madres o dejábamos ese trabajo que no es que nos gustase mucho, pero nos hacía sentirnos realizadas. En fín, que mi generación siempre ha estado a caballo entre muchas cosas y por desgracia también sobre drogas : o las tomabamos hasta que nos matasen o no las probabamos. Y es que, aunque estar “a caballo” no mata sí que mina y consigue que muchas mujeres de cuarenta y tantos estemos empezando a encontrar nuestro camino al mismo tiempo que nuestras hijas adolescentes (para suerte de ellas y desgracia nuestra). Yo por mi lado, cuando creía que ya lo tenía claro, tuve que volver a empezar a decidir todo, ya que me di cuenta de la gran mentira que había sido mi vida de decisiones y que todas las que tomé lo hice desde una plataforma falsa, muy bonita, pero falsa que mi padre (que me quería mucho) construyó para mí y de la que me ha costado (y todavía me cuestra) saltar sin red y tomar mis propias decisiones equivocándome en cada uno de ellas, pero al menos cuando lloro lo hago de forma segura, sin dudar, ya que la decisión la tomé desde el suelo y sin tener dos opciones que me pusieran a los pies de los caballos.





A todos mis conocidos que han muerto por el caballo